Hay alguien en la Luna de Valencia que ayer fue a dar una vuelta y se quedó a vivir allá. Yo lo conozco, es un amigo infiel, se cortó solo y se lastimó. Tal vez algunos locos de aquel barrio, compañeros de escenario, lo podamos rescatar, porque una voz querida cruza el mar y toca fibras íntimas. Más cuando se anda tan lejos, pidiendo auxilio en el desierto. Desintegrado en un cráter cayó, y está aturdido y sin reflejo. Y llora cuando recuerda ese amor que lo hizo mierda, o porque no quiere reconocer que es un maldito argentino. Zarpado a full de fobia incierta, siempre un mal de amor lamenta. Lleva una daga en el pecho, ésa es la ofrenda de una dama que no quiso rey, y un viaje lento hasta una luna sin miel. Quedarse es tan triste como irse, es que tiene una certeza: solo sabe equivocarse. Y va perdido esperando una señal, preso en la bruma de la inercia. Y llora cuando recuerda ese amor que lo hizo mierda o porque no quiere reconocer que está solo en la Luna de Valencia.
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